Fetichismo

La palabra fetiche, antes de ser utilizada por Sigmund Freud, ya había recorrido un largo camino. Empezando por el idioma latín “facticius”, creado, inventado, artificial, proveniente del verbo “facere”, hacer. A partir de allí se forma en español la palabra “hechizo” hacia finales del siglo XV, y de allí al portugués “feitiço”, al francés “fetiche”, y al inglés fetish. Fue usada para nombrar los objetos que los pueblos africanos usaban como parte de sus rituales de hechicería. Luego Karl Marx utilizaría el término dentro del marco de su teoría y reflexiones sobre el capital y el capitalismo, hasta que Sigmund Freud lo apropia en su artículo de 1927, “Fetichismo”. El fetichismo figura en el manual DSM-IV de la American Psychiatric Association y el CIE-10 de la Organización Mundial de la Salud, como un trastorno de la sexualidad o patología que merece tratamiento.

En un fetichista el deseo sexual hacia una persona, objeto de su deseo, se ve desplazado hacia otro objeto que lo representa: ropa interior, zapatos, una parte del cuerpo como el cabello, pies, manos, etc. Hay que aclarar que todos tenemos algo de fetichistas y que el acto de fetichizar es mucho más común en hombres que en mujeres. Dicho objeto que representa a otro, se convierte entonces en una fuente de estímulo y excitación sexual. Así, un zapato de mujer nos sugiere el cuerpo femenino en su totalidad y la posibilidad de placer sexual, aunque la mujer, (persona), y su cuerpo, (objeto de deseo), no se encuentren presentes físicamente.

Dicho grado de fetichismo o asociación entre una persona y un objeto que la representa, es algo normal y nada patológico en primera instancia. Para que el fetichismo sea considerado algo patológico debe ser practicado de manera continua durante al menos seis meses, pero además con tal intensidad que el fetiche se vuelva imprescindible para obtener gratificación sexual e incluso reemplace al objeto del deseo original, sustituya a una persona. Además debe haber una influencia directa y negativa en la vida social, laboral, familiar, de pareja, etc., de la persona que padece este trastorno. Su vida cotidiana debe verse perjudicada de manera sustancial.

Así, un fetichista que usara por ejemplo ropa interior femenina como fuente de estímulo sexual, puede llegar a prescindir por completo del contacto sexual con una mujer, llegando a usar su fetiche como fuente única de placer, resultándole difícil o imposible excitarse de otra manera. Esto puede provocar problemas de pareja, para relacionarse sexualmente con personas sin la intermediación principal o exclusiva del fetiche. En un caso extremo de fetichismo, el fetiche excluye al otro, lo deja afuera de la práctica sexual, de la obtención del placer.

 
 

La asociación entre fetichismo y vampirismo surge en un intento de explicar este último como una práctica fetichista, en donde la sangre cumpliría el rol de fetiche sexual. Por supuesto, puede haber personas, vampiros reales o no, que practiquen el fetichismo y aún el fetichismo de la sangre, o que incorporen el consumo de sangre como una cuestión sexual además de algo inherente a su condición de vampiros. Pero eso no explica la condición del vampirismo, que es algo que no guarda relación directa alguna con una práctica sexual. No conozco a ningún vampiro que consuma sangre como estímulo sexual, ni es el consenso general en la comunidad que el fetichismo de la sangre sea una explicación de dicha condición. Las fallas de esta teoría, en concreto, son:

1- Un vampiro real consume sangre por necesidad, independientemente de sus impulsos y prácticas sexuales. Así, los vampiros reales no practicamos un fetichismo de la sangre al ingerirla, simplemente nos alimentamos de esta. No hay ningún componente sexual en dicha necesidad.

2- No todos los vampiros reales consumen sangre. ¿Qué sentido tienen aplicar el término “fetichismo sexual de la sangre” a un vampiro elemental que se alimenta de la energía del fuego, o a un vampiro psi que se alimenta tomando energía de los chakras de su Donante?

3- Los vampiros reales tenemos vidas normales, familia, trabajo, estudio, amigos, fiestas de cumpleaños, vacaciones, alquileres e impuestos que pagar, etc. Vidas normales que el consumo de sangre no afecta negativamente, antes bien de manera positiva al aliviar los síntomas del vampirismo. Pretender ignorar la diversidad de la comunidad de vampiros reales, formada por personas de diferentes edades, culturas, países, lenguas, costumbres y experiencias de vida, e intentar categorizarlas de forma unívoca como practicantes de fetichismo sexual, tomando como único elemento a considerar el consumo de sangre, es realizar un análisis sumamente pobre e incompleto del fenómeno de la condición vampírica y de quienes la poseen.

De hecho, es todo un acto de fetichismo social por parte de sociedades enteras, que catalogan o “fetichizan” todo lo relacionado con vampiros como algo exclusivamente perverso, oscuro, patológico, y sexual. Refleja mucho más el cómo nos ven los demás a través de su percepción cultural del vampiro mítico, principalmente a lo largo del siglo XX pero sin excluir siglos y siglos de existencia cultural; y también refleja sus propios conflictos y miedos respecto a la sexualidad, la moral, los valores sociales, religiosos, etc., antes que reflejar de manera fidedigna lo que los vampiros reales somos en realidad. Dime cómo y a quien fetichizas, y te diré quién eres, qué deseas, a qué le temes. Dime lo que ves en el espejo y te diré lo que no quieres ver de ti mismo…

4- Sin duda la sangre tiene un gran valor simbólico, y uno de ellos puede ser de tipo erótico sexual. Pero eso no es una condición exclusiva y excluyente del simbolismo de la sangre; no siempre lo que simboliza deber tener características sexuales y/o patológicas. Para prácticamente la totalidad de la humanidad la sangre tiene una fuerte carga simbólica, pero no toda la humanidad es por eso fetichista sexual de la sangre.

 ¿Los fabricantes de armas no serían entonces promotores del fetichismo de la sangre, siempre fabricando objetos que pueden derramarla, y así hacerla visible para conseguir gratificación sexual? ¿Los cristianos que consumen el vino que representa la sangre de Cristo en realidad practican un camuflado fetichismo de la sangre? ¿Los médicos hematólogos en realidad eligieron serlo porque les excita la sangre, a través de su poderoso simbolismo?

5- Una cosa puede ser el símbolo de otra, y el simbolismo de un elemento determinado puede ser muy profundo, flexible y diverso; pero es un asunto muy diferente qué valor concreto le asignamos al acto final de simbolizar, aplicándolo sobre una sociedad, un grupo, una práctica, en una época y circunstancia social determinada. Una cosa es el símbolo y otra es su uso; no todo símbolo, aun poseyendo componentes sexuales, es un fetiche sexual. Los componentes simbólicos y míticos de la sangre son complejos, antiguos pero vigentes; y tienen matices, no son algo rígido, inflexible, e inalterable a lo largo del tiempo. Fetichizar, del verbo “facere”, HACER, es entonces una acción con diversos grados, matices y contextos sociales, históricos y culturales; por lo tanto aplicable a diversos aspectos de la cultura humana y no algo exclusivamente sexual y patológico.

 
 

ENLACES

Clínica Psi.com

El Castellano.org

Salud y Medicinas.com.mx

American Psychiatric Association – DSM-V

Organización Mundial de la Salud – CIE-10

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